viernes, 27 de septiembre de 2013

lunes, 23 de septiembre de 2013

jueves, 12 de septiembre de 2013

#seriebondi. Burger King. 1990


Verano. Cablido y Olazábal, Burger King, sábado a la noche de 1990.
Nuestro fanatismo por Soda Stereo era extremo, acorde a la edad y a la época.
Mientras esperábamos las hamburguesas el tema de conversación era las canciones remixadas.
No se exactamente quienes estábamos, cuatro o cinco al menos, seguro Matías.
Era bastante tarde, un empleado limpiaba el piso, otros charlaban, se notaba que llegaba la hora de cerrar.
Me acuerdo perfecto que tenía puesta mi remera de Languis.
Como tantas veces todo se congeló, al menos en el recuerdo, algo similar a la previa de un duelo entre cowboys.
Se abrieron las puertas y entró Charly Alberti.
Matías que venía hasta ese momento criticando acaloradamente los cambios musicales de Soda, empezó a correr como energúmeno por todo el local vacío, subiendo y bajando escaleras, gritando, y agarrándose los pelos.
Yo tímidamente le pedí que me firme la remera que terminó como trapo de mi vieja, como casi todas las remeras autografiadas que conozco. El resto de los chicos pidieron sus autógrafos también.
Todos, nosotros, los empleados de Burger, los pocos otros clientes y el mismísimo baterista de Soda, mirábamos estupefactos a Matías, su baile, su ritual, que en ese momento consistía en correr alrededor de Charly Alberti como un satélite con desperfectos mecánicos.
Las cosas se desarrollaron rápidamente, el tipo pidió su comida, pagó, nos saludó y se fue. Nosotros felices, radiantes por la anécdota, empezamos a cargarlo a Matías, que se defendía, nuevamente sobrio, explicando que no había sido para tanto.
Pasaron unos minutos, y para sorpresa de todos, el ídolo musical volvió a escena, esta vez para regalarle al desaforado de Matías sus palitos de la batería.
La vergüenza ajena que sentimos viró a orgullo y envidia.

martes, 3 de septiembre de 2013