lunes, 21 de abril de 2014

Peggy


LA SAL: Un palindrama







































Hice la tapa del librazo de mi amigo Javier D'Adamo. 
Se los re contra recomiendo, por ahora solo en Amazon para Kindle. 
Se llama: LA SAL: Un palindrama:
http://www.amazon.com/dp/B00JMQ8XBQ

Descripción:
Un palíndromo (del griego: palin, `de nuevo´, y dromo, `carrera´) es una sucesión de letras, o grafemas, en la que el ordenamiento en el sentido de lectura coincide con el retrógrado; es decir, que se lee por igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda. El esfuerzo de un palindromista que se precie consistirá en lograr que en sus conquistas dichas letras estén agrupadas formando palabras, las cuales a su vez se hallen relacionadas entre sí, de acuerdo con las normas gramaticales de la lengua, componiendo enunciados o sintagmas.
Cabe señalar que los palíndromos no se crean, sino que se descubren; están allí, latentes en el tesauro, a la espera de que alguien los halle. No se escriben, si por escritura debe entenderse la representación y plasmación de conceptos o ideas previamente producidos por el pensamiento; pues no tienen su origen en el ámbito abstracto de la mente, sino en el lenguaje y, más precisamente, en su grafía.
Por eso, la inspiración, si de inspiración puede hablarse, no opera en el palindromista del modo acostumbrado. Las tres musas originales que nos refiriera Pausanias parecen presentarse en orden invertido: Meletea, musa de la meditación, ya no es la primera en brindar su soplo, sino la última; y no es su fuente un logos divino, sino el recuerdo que, con el velo del desconcertante "déjà vu", su hermana Mnemea evoca a partir del canto que proyecta el propio hálito de la última (ahora primera) de las tres, aquella con significativo nombre, Aedea.
La que aquí se presenta es una obra de teatro en tres actos, que tiene la particularidad de que todos los parlamentos que hay en ella constituyen palíndromos. Los diálogos y la acción se desarrollan bajo la órbita ineludible de este precepto. Puede advertirse entonces que, en una eventual representación de esta obra, resultaría insuficiente identificar a los actores como quienes acatan las líneas de un texto; puesto que, previo a eso, son los propios personajes los que se hallan sujetos a la tiranía de la letra. Es esta, sin embargo, una dependencia de la que no se percatan; el hablar con palíndromos surge en ellos de un modo espontáneo e ineludible, como formando parte de la propia naturaleza del lenguaje.
Dado el evidente protagonismo que tiene la palabra escrita en esta composición, puede resultar pertinente tomarla, antes que como una pieza teatral a la espera de ser puesta en escena, como un libro acabado y con valor propio como tal.