sábado, 15 de agosto de 2015

A, B y X.

En esta historia y sin motivo todos los que pensaban A y abrían la boca decían B. Por el contrario esos que creían firmemente en B cuando hablaban decían A. Yo que pensaba X no podía opinar porque los que pensaban A y decían B y los que sostenían B pero exclamaban A me callaban. Si, y lo digo por que lo corroboré, si iba a un rincón solo y en voz baja intentaba decir X, me salía X . Envalentonado volvía al lugar de la discusión, pero era tal el lío que nunca alcanzaba a decir X. Esto era porque A y B alarmados de no poder decir B ni A, gritaban cada vez más alto, llegado el caso tampoco era para preocuparse por que de última, si lo mirabas bien A y B terminaban siendo dichos. No era cuestión, después de todo que venga un X y diga X y arme un problema peor todavía.

miércoles, 24 de junio de 2015

Para ver a Messi



Para ver a Messi nos hospedamos en una cabaña en la montaña. Una cabaña que no terminaba de cuidarnos del frío pero nos daba aire libre, bicicletas, desayunos, canchita de fútbol, montañas y tiempo bueno a un precio más que conveniente. Sin nerviosismo, ni chopin, ni gas lacrimógeno, ni estudiantes enojados, ni carabineros dementes. Ahora, cometimos algunos errores. Entre ellos confiar en el confort de unas tinajas de agua caliente que nos ofrecía el hospedaje, agua hirviente que nos iba a purificar hasta el tuétano, jacuzzi de pica piedras. Nos pusimos las batas, hundimos las patas, y después de un hirviente calor superficial, el frío del fondo nos mató a palos.




Para ver a Messi tenés que saltear casilleros, intuir el lugar donde va a estar en un segundo, adivinar el futuro. Con Messi el presente no existe nunca. Él es ese que ya no está ahí.


Para ver a Messi hay que evitar la ciudad y buscar la montaña. En la ciudad están los chopins, las casas de cambio y los gases lacrimógenos, el tachero que no nos entiende y las pizzerías. En la montaña está el vértigo, las bicicletas, las tinajas de agua hirviente fría, los desayunos en campera, la escuela de la palta y el barco de ramas "Titánico de Buenos Aires I". En la montaña está la altura, en la ciudad el zoológico. En la ciudad está la playa y la tos, en la montaña la cama elástica y los gatos. La cerveza está en los dos lados pero nunca a mano. Vino blanco hay en la ciudad, en el mercado central con el pulpo y el resto de los mariscos.
Para ver a Messi nos subimos al auto de Jero evitando la ciudad, camino a la montaña ida y vuelta. Para ver a Messi tuvimos hijos, con amor, irresponsablemente.



Para ver a Messi hay que trepar y escalar el cerro. Desafiar al vértigo. Cuando vas a ver a Messi tus debilidades te desenmascaran, te desidolizan, te desmessifican. En cualquier otra situación no te hubieras sometido a la tortura de la altura, ni a la de un cerro, ni a la de un faro, ni a la de un puente, ni a la de un mísero balcón, pero para ver a Messi no te queda otra. Vas trepando y las piedritas que pisás se desprenden y pican, rebotan, le cancherean al derrumbe total, a la avalancha. No es que sea tan alto, ni que haya riesgo de muerte, pero para los que sufren vértigo la realidad o el verdadero peligro importan nada de nada. peligro importan nada de nada.
Cuándo te decidís a ver a Messi o lo hacés como corresponde o te volvés a tu casa.

domingo, 17 de mayo de 2015

Mad Men‬. Redemption Song (Johnny Cash-Joe Strummer)

Muchas veces los escritores son responsables por la redención de los personajes de sus historias. Y esa responsabilidad tiene que ver con rescatarlos de los laberintos que construyeron y sacarlos de ahí sanos y salvos. ¿Porqué? Por dos razones: Los queremos mucho y no son culpables de estar donde están, entreverados en una fantasía que no construyeron.